El Día Mundial de la Salud Mental es una buena ocasión para poner el foco en algo que se vive a diario en los centros Emera: cómo la soledad y el aislamiento afectan al bienestar emocional de las personas mayores, y qué papel puede jugar un Centro de Día para evitarlo.
Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental recuerda que cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo. Es también una buena ocasión para mirar hacia un grupo que a menudo se queda fuera de la conversación: las personas mayores.
Cuando se habla de salud mental, el foco suele ponerse en los jóvenes o en el estrés laboral. Sin embargo, en la vejez hay un factor de riesgo que pesa mucho y que, además, no hace ruido, el pasar demasiado tiempo a solas.
Una realidad que crece en silencio
En España, más de dos millones de personas de 65 años o más viven solas. Vivir solo no significa necesariamente sentirse solo, pero cuando la soledad no se ha elegido, su impacto es real. Según el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, esta situación la sufren el 14,5 % de las personas de entre 65 y 74 años y una de cada cinco a partir de los 75.
Las causas son conocidas: la pérdida de la pareja, los hijos que viven lejos, la movilidad que se reduce o un barrio que cambia. El propio Observatorio señala que la principal causa es la pérdida de convivencia, y que el problema se agrava en las grandes ciudades, donde la soledad entre las personas mayores llega a duplicar la de los municipios pequeños.
Lo que el aislamiento le hace a la salud
La Organización Mundial de la Salud lo dejó claro en su primer informe sobre conexión social, publicado en 2025: la soledad afecta a una de cada seis personas en el mundo y se asocia a más de 871.000 muertes al año. Además, aumenta el riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo, ictus y enfermedades cardiovasculares.
En las personas mayores, el efecto suele seguir un patrón parecido. Sin motivos para salir de casa, la rutina se desdibuja. Se come peor, se duerme peor y se camina menos. La conversación diaria desaparece y, con ella, buena parte de la estimulación que mantiene activa la memoria. Poco a poco, la persona se encierra más, y cuanto más se encierra, más le cuesta volver a salir.
Algunas señales pueden ayudar a las familias a detectarlo a tiempo: pérdida de interés por cosas que antes gustaban, cambios en el apetito o en el sueño, descuido de la higiene o de la casa, tristeza o irritabilidad frecuentes, o frases como «para qué voy a ir» o «no me apetece ver a nadie». Ante estas señales, lo primero es hablarlo con su médico de cabecera.
El Centro de Día: un motivo para salir de casa cada mañana
Frente al aislamiento, la conexión social funciona como protección. Y aquí es donde los Centros de Día marcan la diferencia: permiten que la persona siga viviendo en su casa y, al mismo tiempo, pase el día acompañada, con una rutina, actividades con sentido y personas con las que compartirlas. Además, tener un lugar al que ir cambia la forma de empezar la mañana. Levantarse con un horario, elegir la ropa, arreglarse para salir de casa: estos pequeños gestos de autocuidado, que tienden a abandonarse cuando se pasa el día a solas, refuerzan la autoestima de las personas mayores y, con ella, su bienestar emocional y mental.
En los Centros de Día de Emera se trabaja con el mismo modelo que guía a todos los centros del grupo: la atención centrada en la persona. Antes de proponer ninguna actividad, el equipo conoce a cada persona usuaria, su historia de vida, sus gustos, lo que le ilusiona y lo que le preocupa. A partir de ahí, el día se organiza alrededor de ella:
- Estimulación cognitiva, con talleres de memoria, lectura o diferentes actividades que mantienen la mente activa.
- Actividad física adaptada y rehabilitación, para conservar la movilidad y la autonomía.
- Terapia ocupacional y estimulación sensorial, incluidas las salas multisensoriales Snoezelen.
- Vida en común: la comida compartida, las celebraciones, los talleres en grupo, las salidas y excursiones fuera del centro y las actividades con las personas residentes del centro.
Porque muchas veces lo que más transforma el día no es una terapia concreta, sino algo más sencillo: tener a alguien que espera a la persona, que le pregunta cómo ha dormido y que se acuerda de lo que contó el día anterior.
«Empezar a venir al Centro de Día supone un cambio total, porque el día a día pesa menos. Crean una rutina y tienen cerca a profesionales que les ayudan en su vida cotidiana, pero luego vuelven a su casa, conservan su hogar, su espacio», explica Belén Gómez, trabajadora social de Emera Almería. «Las actividades, dentro y fuera del centro, se organizan a partir de lo que ellos mismos proponen, y eso les ayuda a mantenerse activos. Además, encuentran no solo un grupo social, sino también una red de apoyo».
Cuidar también a quien cuida
La salud mental de las familias también forma parte de esta ecuación. Cuidar a un familiar mayor en casa, muchas veces sin descanso ni relevo, supone una carga física y emocional que con el tiempo puede derivar en el síndrome del cuidador quemado. Un agotamiento sostenido que se refleja en ansiedad, irritabilidad, problemas de sueño o pérdida de interés por todo lo que no sea cuidar. Además, quien cuida también tiende a aislarse: deja de ver a sus amistades, renuncia a su tiempo libre y siente culpa por necesitar un respiro.
El Centro de Día ofrece a las personas cuidadoras un relevo durante la jornada y la tranquilidad de saber que su familiar está bien atendido, acompañado y activo. Ese tiempo permite recuperar energía, retomar la propia vida y volver al cuidado en mejores condiciones. Quien cuida y puede descansar, cuida mejor.
Cada día cuenta
La soledad no se combate con un gesto puntual, sino con algo mucho más cotidiano: tener un lugar al que ir, personas con las que hablar y que se interesen por su historia de vida, y un motivo para empezar el día con ganas. Esta es la base del modelo de cuidados de Emera y es lo que se construye cada jornada en sus Centros de Día. Una diferencia que se nota en la vida de muchas personas mayores y de sus familias.

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