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May 04

Diarrea en ancianos: causas, riesgos y qué hacer

    La diarrea en ancianos no debe interpretarse como una molestia pasajera o un síntoma menor. En la tercera edad, este trastorno intestinal altera el equilibrio del organismo rápidamente. Sabemos que ver a tu ser querido decaído y con malestar genera preocupación, y muchas veces surgen dudas sobre si tratarlo en casa o acudir a urgencias. 

    • Se considera diarrea cuando la persona mayor tiene al menos 3 deposiciones líquidas o muy blandas al día, o más frecuentes de lo habitual. 
    • Por qué preocupa en ancianos: los episodios diarreicos aceleran la pérdida de agua y sales; en personas frágiles, ese desequilibrio deteriora el estado general con rapidez.
    • Causas principales: infecciones (gastroenteritis), efectos adversos de fármacos (incluidos antibióticos), intolerancias y algunas enfermedades digestivas o crónicas.
    • Señales de alarma: sed intensa, orina escasa y oscura, confusión, fiebre, sangre en heces o dolor abdominal relevante.
    • Qué hacer en casa: prioriza hidratación con líquidos y, si hace falta, soluciones de rehidratación; sigue dieta blanda progresiva y registra la evolución. 
    • Cuándo pedir ayuda: si aparecen signos de alarma o si el cuadro se prolonga, contacta con un médico sin demoras. 

    ¿Qué se considera diarrea en una persona mayor?

    La diarrea se caracteriza por la evacuación de heces con una consistencia menor a la habitual (blandas o líquidas) y con una frecuencia mayor a lo normal, por lo general, establecida en 3 o más deposiciones en un día [1].

    Sin embargo, en el cuidado geriátrico, observamos matices importantes. No solo importa la frecuencia, sino el cambio repentino en el hábito intestinal de la persona. Una diarrea aguda dura menos de 4 días y desaparece por sí sola con los cuidados básicos. 

    No obstante, si el cuadro persiste más de 2 semanas, hablamos de diarrea persistente, y si supera las 4 semanas, se clasifica como crónica [2].

    En los adultos mayores, la distinción entre estos tipos determina la urgencia. El sistema digestivo envejecido presenta motilidad alterada y una mucosa más fina. Esto hace que cualquier agresión, por leve que parezca, impacte con mayor fuerza en su estado general.

    Principales causas de la diarrea en ancianos

    Infecciones gastrointestinales

    La mayoría de las diarreas agudas tienen origen infeccioso. En este sentido, la ingesta de alimentos o bebidas en mal estado introduce microorganismos como virus, bacterias o parásitos que generan toxinas en el organismo. 

    Los virus representan entre el 60% y el 70% de estas infecciones, destacando el norovirus [3]. Por su parte, bacterias como Salmonella, Shigella y Escherichia coli causan deposiciones líquidas, aunque con menor frecuencia. 

    Efectos secundarios de medicamentos

    Muchos fármacos alteran el ritmo intestinal como efecto adverso. Los antibióticos encabezan la lista, pues al combatir una infección, barren las bacterias beneficiosas del intestino, provocando cuadros diarreicos.

    Otros medicamentos que pueden causar diarrea incluyen:

    • Antiácidos con magnesio.
    • Fármacos para la presión arterial.
    • Medicamentos de quimioterapia.
    • Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).
    • Inhibidores de la bomba de protones (protectores de estómago) si se usan a largo plazo.

    Intolerancias y problemas digestivos

    Con el paso de los años, el aparato digestivo experimenta cambios. Disminuye la producción de enzimas digestivas, baja la secreción de ácido gástrico y la motilidad gastrointestinal se ralentiza [4]. Todo ello favorece la aparición de intolerancias alimentarias que antes no existían.

    La intolerancia a la lactosa es una de las más comunes. El déficit de lactasas impide la correcta absorción de los lácteos, provocando deposiciones líquidas cuando se consumen estos productos. Otras intolerancias alimentarias, como al gluten o a ciertos alimentos ricos en grasa, también desencadenan episodios diarreicos.

    Enfermedades crónicas asociadas

    • Diabetes: causa diarrea crónica en el 8% al 22% de quienes la padecen, según estudios especializados [5]. Controlar la diabetes en adultos mayores ayuda a reducir este riesgo.
    • Enfermedades inflamatorias intestinales: el síndrome del intestino irritable, la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa cursan con episodios recurrentes de diarrea.
    • Colitis microscópica: representa la causa más frecuente de diarrea crónica en ancianos, especialmente cuando la colonoscopia muestra resultados normales.
    • Otros trastornos digestivos: la diverticulitis y los problemas de malabsorción intestinal también favorecen su aparición.

    En algunos casos, episodios graves de salud como un ictus afectan la movilidad y la capacidad de comunicación del anciano, dificultando la prevención y el manejo adecuado de problemas digestivos. La rehabilitación tras sufrir un ictus incluye también el cuidado de la nutrición y la digestión.

    Síntomas de alarma asociados a la diarrea en ancianos

    • Deshidratación: el síntoma más peligroso y frecuente. La deshidratación en ancianos progresa con rapidez y provoca sequedad de boca, disminución en la producción de orina, piel seca, debilidad generalizada y ojos hundidos. Si observas estos signos, actúa de inmediato ofreciendo líquidos y consultando al médico.
    • Debilidad, mareos o confusión: la pérdida de líquidos y electrolitos afecta el funcionamiento cerebral y muscular. Cuando un anciano se muestra más desorientado de lo habitual, somnoliento o con dificultades para mantenerse en pie, la deshidratación ya está avanzada. Este estado requiere valoración médica urgente.
    • Fiebre: la temperatura corporal superior a 38 °C acompañada de deposiciones líquidas y frecuentes sugiere infección bacteriana o vírica que necesita tratamiento específico. No debe ignorarse, especialmente si persiste más de 24 horas.
    • Sangre en heces: la presencia de sangre visible en las deposiciones indica daño en la mucosa intestinal y obliga a consulta médica sin demora. La diarrea con sangre aparece en infecciones bacterianas severas y en enfermedades inflamatorias intestinales.
    • Dolor abdominal: los cólicos leves acompañan al cuadro diarreico, pero cuando el dolor se vuelve intenso, constante o localizado en un punto específico, hay que descartar complicaciones como obstrucción intestinal o isquemia.

    Riesgos de la diarrea en personas mayores

    El organismo de un anciano posee menos reservas funcionales para hacer frente al estrés fisiológico que supone una diarrea aguda. Las consecuencias pueden escalar rápidamente.

    • Deshidratación rápida: las personas mayores tienen menos proporción de agua corporal total. Además, la sensación de sed disminuye con la edad, retrasando la ingesta de líquidos cuando más se necesitan.
    • Desequilibrios electrolíticos: la diarrea arrastra minerales esenciales como potasio, sodio, calcio, fósforo, hierro y magnesio. La pérdida de estos electrolitos altera el funcionamiento de órganos vitales, provocando debilidad, fatiga, calambres musculares, confusión y arritmias cardíacas. 
    • Empeoramiento del estado general: un cuadro diarreico persistente deriva en desnutrición, pérdida de peso no intencionada y deterioro físico acelerado.
    • Ingresos hospitalarios: cuando la deshidratación alcanza un grado moderado o severo, es imprescindible la rehidratación intravenosa o subcutánea en medio hospitalario.

    ¿Qué hacer ante un episodio de diarrea en un anciano?

    1. Hidratación adecuada: lo más urgente es reponer los líquidos perdidos. Ofrece agua en pequeñas cantidades frecuentes, idealmente cada dos horas un vaso de 200 ml. A su vez, las soluciones de rehidratación oral, que contienen glucosa y electrolitos, son muy efectivas. También sirven caldos desgrasados, infusiones suaves o agua con limón. Evita bebidas azucaradas, con cafeína o alcohólicas, que empeoran el cuadro. Si rechaza beber, prueba con diferentes temperaturas y sabores hasta encontrar lo que tolera mejor.
    2. Dieta blanda y progresiva: durante las primeras horas de diarrea aguda, suspende los alimentos sólidos y mantén solo la hidratación. Cuando empiece a tolerar líquidos sin vomitar, introduce poco a poco alimentos blandos: arroz blanco hervido, puré de patata y zanahoria, pan tostado, pollo hervido sin piel, pescado blanco magro, manzana asada, plátano maduro, membrillo. Evita lácteos (salvo yogur natural), alimentos grasos, frituras, verduras crudas, legumbres, pan integral y dulces. La dieta debe progresar según tolerancia, sin forzar.
    3. Control de la frecuencia y consistencia: lleva un registro de sus deposiciones, indicando cuántas veces al día, qué aspecto tienen, si hay sangre o moco. Esta información orienta al médico sobre la gravedad del cuadro y la respuesta al tratamiento. Además, vigila otros síntomas como fiebre, vómitos o dolor abdominal. Si tras 48 horas no hay mejoría o los síntomas empeoran, busca atención médica.

    Prevención de la diarrea en personas mayores

    • Higiene alimentaria: la correcta manipulación de alimentos previene la mayoría de las diarreas. Lávate bien las manos antes de preparar y tras tocar alimentos crudos. Limpia utensilios y superficies. Cocina completamente carnes, pescados y huevos. Lava a fondo frutas y verduras crudas. Revisa fechas de caducidad, el estado de conservación y mantén la cadena de frío.
    • Revisión de medicación: consulta periódicamente con el médico sobre los fármacos que toma el adulto mayor. Si aparece el síndrome diarreico tras iniciar un nuevo tratamiento, comunícalo. Muchas veces es posible ajustar dosis o cambiar a un medicamento alternativo que no cause este efecto. Nunca suspendas medicamentos por tu cuenta, pero sí mantén una comunicación fluida con los profesionales sanitarios.
    • Control médico periódico: las revisiones regulares permiten detectar y tratar enfermedades crónicas que favorecen los cuadros diarreicos. Un buen control glucémico en diabéticos, el seguimiento de patologías intestinales o el ajuste de tratamientos reducen los episodios. 
    • Atención especial en residencias: en entornos comunitarios, los protocolos de limpieza son vitales para evitar brotes. Si estás valorando una residencia para mayores, asegúrate de que cuenten con equipos médicos propios y protocolos estrictos de higiene y dietética. Además, si tu familiar acude a un centro de día, verifica que el personal esté formado para detectar estos síntomas a tiempo y comunicar cualquier incidencia a la familia.

    En definitiva, la diarrea en ancianos requiere vigilancia activa y respuesta rápida por tu parte. La fragilidad de los mayores hace que un problema común pueda complicarse, pero con la información adecuada y el apoyo profesional necesario, puedes gestionar estos episodios con seguridad. En Grupo Emera, trabajamos cada día para ofrecer ese entorno seguro y cuidados expertos que tu ser querido merece.

     

    Referencias:

    [1] MedlinePlus en español. Bethesda (MD): Biblioteca Nacional de Medicina (EE. UU.). (2021, noviembre 9). Diarrea. Temas de salud. https:// medlineplus.gov/spanish/diarrhea.html 

    [2] Gotfried, J. (2024). Diarrea en adultos. Manual MSD versión para público general. https:// msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-gastrointestinales/s%C3%ADntomas-de-los-trastornos-digestivos/diarrea-en-adultos

    [3] Ramos, P. (2014, julio 24). Diarrea en los mayores: Un problema frecuente. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. https:// segg.es/ciudadania/2014/07/24/diarrea-en-los-mayores-un-problema-frecuente 

    [4] Medicover Hospitals. (2024, septiembre 17). Tratamiento de la diarrea en personas mayores: causas y cuidados. https:// medicoverhospitals.in/es/articles/diarrhea-in-elderly 

    [5] Valdovinos, M. A., Camilleri, M., & Zimmerman, B. R. (1993). Chronic diarrhea in diabetes mellitus: mechanisms and an approach to diagnosis and treatment. Mayo Clinic Proceedings, 68(7), 691-702. https:// mayoclinicproceedings.org/article/S0025-6196(12)60606-5/fulltext

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