La deshidratación en ancianos aparece cuando el organismo pierde más líquido del que repone. Los adultos mayores presentan un riesgo elevado porque sienten menos sed, la capacidad de sus riñones para conservar agua disminuye y, en muchos casos, toman medicamentos que favorecen la pérdida de líquidos.
En esta guía encontrarás las señales que debes vigilar, los factores que multiplican el riesgo y las medidas que mejor funcionan para prevenir la deshidratación, tanto en casa como en las residencias para mayores, donde la hidratación forma parte de los protocolos asistenciales diarios.
Puntos clave sobre la deshidratación en adultos mayores:
- Causa fisiológica principal: Hipodipsia (pérdida del estímulo central de la sed). La falta de demanda de agua no indica que la persona esté bien hidratada.
- El volumen mínimo es de 1,6 litros para mujeres y 2,0 litros para hombres (ajustado en patologías cardíacas o renales avanzadas).
- Medicamentos de alto riesgo: Diuréticos (furosemida), laxantes, inhibidores SGLT2 (dapagliflozina) y fármacos que alteran la sudoración.
- Síntomas de alarma neurológica: Delirium (confusión aguda de aparición brusca), somnolencia intensa, mareo ortostático y caídas repentinas.
- Complicaciones graves: Lesión renal aguda, infecciones urinarias de repetición, estreñimiento severo y desequilibrios electrolíticos.
¿Por qué la deshidratación es más frecuente en los ancianos?
El envejecimiento reduce parte de la capacidad del organismo para detectar y compensar la falta de líquido. A ello se añaden circunstancias frecuentes en la vejez, como la dependencia, los problemas de memoria, la dificultad para tragar o el temor a no llegar a tiempo al baño.
Cambios fisiológicos asociados al envejecimiento
Con el paso de los años, el organismo experimenta varios cambios que reducen su capacidad para mantener un equilibrio adecuado de líquidos. Aunque sus efectos varían de una persona a otra, todos ellos elevan el riesgo de deshidratación en mayores.
Principales cambios relacionados con la hidratación:
- Menor volumen de agua corporal. La proporción de agua disminuye debido, entre otros factores, a la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento. El organismo dispone así de menos reservas y tolera peor una reducción de líquidos [1].
- Menor capacidad de los riñones para conservar agua. Con el envejecimiento, los riñones concentran la orina con menos eficacia. Ante una ingesta insuficiente, el cuerpo pierde más agua y tarda más en recuperar el equilibrio hídrico.
- Respuesta menos eficaz ante el calor. Con la edad, los mecanismos que regulan la temperatura corporal pierden eficacia. En los días de mucho calor, el organismo encuentra más obstáculos para compensar el aumento de temperatura y pierde agua y electrolitos, lo que eleva el riesgo de deshidratación [2].
- Menor adaptación ante la falta de líquidos. El organismo responde con menos rapidez a los cambios en el balance hídrico, por lo que una pérdida moderada de agua llega a alterar antes la tensión arterial, la función renal o el estado general.
Menor sensación de sed
La sensación de sed disminuye con la edad. Por eso, muchos ancianos no sienten la necesidad de beber aunque el organismo ya necesite reponer líquidos. Si la persona pasa varias horas sin pedir agua, no interpretes esa ausencia de demanda como una señal de que está bien hidratado.
Enfermedades crónicas
Algunas afecciones crónicas alteran la forma en que el organismo incorpora, conserva o elimina los líquidos. El riesgo también aumenta si afectan a la memoria, la movilidad o la capacidad de beber de manera autónoma [1].
Enfermedades que requieren una mayor vigilancia:
- Diabetes. Una diabetes descompensada aumenta la frecuencia de orina y, con ello, la pérdida de líquidos. La sed intensa y el incremento de la cantidad de orina indican que conviene consultar con un médico [3].
- Enfermedad renal crónica. La insuficiencia renal en adultos mayores altera la eliminación de agua y sales. El volumen de líquido debe adaptarse a cada caso, puesto que algunas personas necesitan aumentar la ingesta y otras tienen prescrita una restricción [1].
- Insuficiencia cardíaca. El corazón tiene más problemas para impulsar la sangre y el líquido llega a acumularse en distintas partes del cuerpo. En estos casos, el equipo sanitario debe ajustar la hidratación según el estado clínico y el tratamiento.
- Enfermedades neurológicas y deterioro cognitivo. El alzhéimer, el párkinson y otras alteraciones neurológicas interfieren en el reconocimiento de la sed, el recuerdo de beber o la capacidad de tragar. La persona necesita entonces una supervisión más estrecha de su ingesta.
Beber más agua no siempre es la respuesta adecuada. Ante una enfermedad renal o cardiaca, conviene respetar la cantidad indicada por el profesional sanitario y evitar cualquier cambio de la pauta por cuenta propia [1].
Medicamentos que favorecen la pérdida de líquidos
Algunos tratamientos aumentan la eliminación de agua a través de la orina o favorecen pérdidas digestivas. Los adultos mayores requieren una vigilancia especial si toman varios medicamentos, padecen una enfermedad renal o atraviesan un episodio de calor, fiebre, vómitos o diarrea [1].
Medicamentos que aumentan directamente la pérdida de líquidos:
- Diuréticos. Se recetan, entre otros motivos, para tratar la hipertensión, la insuficiencia cardíaca o la acumulación de líquido. Aumentan la producción de orina y, con ella, la pérdida de agua y sales. La furosemida y la torasemida figuran entre los ejemplos más habituales [4].
- Laxantes. Son medicamentos destinados a combatir el estreñimiento y facilitar la evacuación intestinal. Si provocan deposiciones muy frecuentes o diarrea, el organismo pierde un volumen mayor de agua y electrolitos, sobre todo tras un uso excesivo o prolongado [1].
- Algunos medicamentos para la diabetes. La dapagliflozina pertenece a un grupo de fármacos que reduce la glucosa en sangre haciendo que los riñones la expulsen a través de la orina. Al eliminar esa glucosa, el cuerpo también arrastra agua y aumenta la cantidad de orina [5].
Medicamentos que aumentan el riesgo por otras vías:
- Algunos antiinflamatorios y tratamientos para la tensión arterial. Fármacos como el ibuprofeno, el enalapril o el losartán no incrementan directamente la salida de agua, pero alteran la respuesta de los riñones si la persona ya está deshidratada [4].
- Determinados tratamientos para la depresión, las alergias o el párkinson. Ciertos antidepresivos, antihistamínicos y antiparkinsonianos interfieren en la sudoración, la regulación de la temperatura o el estado de alerta. Durante una ola de calor, dificultan que la persona perciba el riesgo y se proteja a tiempo [4].
- Medicamentos que provocan vómitos o diarrea. Ambos efectos adversos ocasionan pérdidas importantes de agua y sales si se repiten. Ante su aparición, el médico indicará si hace falta adaptar la hidratación o revisar el tratamiento.
Nunca suspendas, reduzcas ni cambies una dosis por tu cuenta. Si observas que la persona orina más de lo habitual, presenta diarrea o bebe muy poco, consulta con el médico antes de modificar su medicación.
Principales causas de la deshidratación en ancianos
A los cambios fisiológicos, las enfermedades crónicas y los efectos de algunos medicamentos descritos anteriormente se suman situaciones que reducen la ingesta o aceleran la pérdida de líquidos. El calor, la fiebre, los vómitos, la diarrea o la falta de autonomía para beber elevan aún más el riesgo, sobre todo si coinciden varios factores.
A continuación, te mostramos los factores más relevantes y su mecanismo de acción:
| Factor | Cómo influye |
| Ingesta insuficiente | La persona bebe poco porque no tiene sed, olvida hacerlo o rechaza las bebidas. |
| Dependencia o movilidad reducida | No alcanza el vaso, necesita que alguien se lo acerque o evita beber por la dificultad de ir al baño. |
| Deterioro cognitivo | Pierde la rutina, no recuerda lo que ha bebido o no identifica la sed. |
| Disfagia | La dificultad para tragar limita la cantidad y exige adaptar la textura bajo supervisión profesional. |
| Vómitos o diarrea | El organismo pierde agua y electrolitos en poco tiempo. |
| Fiebre e infecciones | Aumentan la pérdida de líquido y a menudo reducen el apetito y las ganas de beber. |
| Calor y sudoración | Las temperaturas elevadas favorecen la pérdida de agua y sales, incluso con poca actividad. |
| Diabetes descompensada | El exceso de glucosa incrementa la eliminación de orina [8]. |
| Diuréticos y laxantes | Incrementan la diuresis o las deposiciones y elevan la reducción de líquido [1]. |
| Miedo a la incontinencia | Algunas personas reducen las bebidas para evitar escapes o visitas frecuentes al aseo. |
Merece una mención especial la diarrea en ancianos, una de las causas más peligrosas de deshidratación en la tercera edad. Un episodio diarreico prolongado, acompañado o no de vómitos, arrastra grandes cantidades de agua y sales minerales en pocas horas, y en un organismo envejecido la recuperación resulta más lenta y complicada.
Síntomas de la deshidratación en personas mayores
Los signos más conocidos incluyen sequedad de boca, cansancio, mareo, cefalea, orina escasa u oscura y cambios en el estado mental [6]. Sin embargo, en geriatría ningún síntoma aislado confirma el diagnóstico; el médico considera el conjunto y, si hace falta, solicita una analítica.
Boca seca
Los labios, la lengua y la mucosa oral pierden humedad, mientras que también aparecen sensación pegajosa, saliva espesa o molestias al hablar y comer [6]. Aun así, algunos medicamentos, la respiración por la boca y varias enfermedades causan sequedad, por lo que este dato siempre necesita contexto.
Observa si se combina con menor ingesta, cansancio, mareos o cambios en la orina. Esa suma aporta más información que mirar la lengua de forma aislada.
Fatiga y debilidad
La falta de líquido altera el bienestar general y provoca cansancio, falta de energía o debilidad en las extremidades [6]. En un adulto mayor que ya tiene limitaciones físicas, el cambio quizá destaque al levantarse, caminar o completar una actividad que realizaba con normalidad.
La fatiga también acompaña a infecciones, anemia, problemas cardíacos y muchas otras afecciones. Consulta si aparece de forma brusca, empeora o se une a somnolencia y confusión.
Mareos
El mareo relacionado con la deshidratación aparece con mayor frecuencia al incorporarse en la cama o levantarse de una silla. La persona puede notar inestabilidad, debilidad o sensación de desmayo [1].
Es importante tener en cuenta que el mareo por sí solo no confirma que exista deshidratación. La sospecha aumenta si también aparecen boca seca, orina oscura, menor volumen de orina, cansancio o una ingesta de líquidos insuficiente [6].
Confusión o desorientación
Un cambio repentino de atención, conducta u orientación nunca debe atribuirse de entrada a la edad o a una demencia previa. La deshidratación actúa como desencadenante frecuente del delirium, un estado agudo de confusión que necesita identificar y tratar la causa [1].
Ante una desorientación en personas mayores, compara el estado actual con el habitual: ¿reconoce el lugar?, ¿mantiene una conversación coherente?, ¿está mucho más adormilada o agitada? Un cambio que surge en horas o pocos días justifica una consulta sanitaria rápida.
Disminución de la cantidad de orina
Orinar menos veces o en menor volumen indica que el cuerpo intenta conservar agua [6]. Conviene fijarse en el patrón habitual y no en un número universal, ya que influyen la medicación, la función renal, la incontinencia y la cantidad ingerida. Una reducción marcada, en especial junto con malestar, vómitos, diarrea o fiebre, requiere atención inmediata.
Orina más oscura
Una orina amarilla oscura y con olor intenso aparece entre los signos habituales de falta de líquidos [6]. No obstante, existen algunos alimentos, vitaminas, fármacos e infecciones que modifican su aspecto.
Ten en cuenta el color como una pista junto con la cantidad, el estado general y la ingesta registrada. No descartes el problema únicamente porque la orina parezca clara.
Dolor de cabeza
La cefalea forma parte de los síntomas de la deshidratación y, a veces, coincide con sed, mareo, cansancio o dificultad para concentrarse. Si es leve y la persona se encuentra bien, ofrecer pequeños sorbos y observar la respuesta aporta una primera medida prudente.
Un dolor intenso, repentino o acompañado de alteración del habla, debilidad, fiebre alta o disminución de conciencia, exige atención médica inmediata.
Hipotensión
La pérdida de agua y sales reduce el volumen de sangre circulante y favorece una tensión arterial baja, sobre todo al ponerse de pie [1]. El anciano puede sentir mareo, visión borrosa, debilidad, náuseas o sensación de desmayo. El riesgo crece si toma antihipertensivos o diuréticos.
Las recomendaciones sobre cómo subir la tensión arterial baja en mayores dependen de la causa y de sus enfermedades. Túmbala, evita que se levante sola y pide orientación sanitaria; no aumentes la sal, el agua ni modifiques la medicación sin una pauta individual.
Consecuencias de la deshidratación en ancianos
Una deshidratación prolongada afecta al cerebro, la circulación, los riñones y el funcionamiento cotidiano. El cansancio, el dolor de cabeza y la falta de concentración reducen la actividad, mientras que el mareo y la debilidad favorecen la inestabilidad. En casos avanzados, la persona necesita tratamiento médico urgente.
Complicaciones que requieren atención:
- Delirium o confusión aguda: la falta de líquido figura entre sus desencadenantes más frecuentes en mayores [1].
- Caídas: el mareo, la hipotensión y la debilidad dificultan una marcha segura [1].
- Estreñimiento: una hidratación insuficiente favorece la aparición del estreñimiento o agrava un problema previo, ya que el organismo dispone de menos agua y las heces adquieren una consistencia más dura [7].
- Infección urinaria: la escasa ingesta de líquidos se relaciona con un mayor riesgo de infección de orina en personas mayores. Beber con regularidad forma parte de los cuidados destinados a reducirlo.
- Lesión renal aguda: la deshidratación reduce el flujo de sangre hacia los riñones y aumenta el riesgo, especialmente desde los 65 años.
- Alteraciones de electrolitos: las pérdidas digestivas o el sudor modifican las concentraciones de sodio y otras sales.
- Deterioro general: una falta intensa de líquidos llega a causar taquicardia, respiración rápida, somnolencia y alteración de la conciencia [6].
El impacto asistencial también está documentado. La deshidratación figura entre las diez causas más frecuentes de hospitalización en mayores de 65 años, y en torno al 1 % de los ancianos que ingresan en un hospital presentan manifestaciones de este trastorno [8].
Cómo prevenir la deshidratación en personas mayores
La prevención funciona mejor con una rutina adaptada a la persona que con grandes cantidades ofrecidas de una vez. Tener bebidas accesibles, respetar preferencias y revisar las barreras para beber mejora la constancia.
Medidas diarias de prevención:
- Mantener una hidratación regular. Ofrece algo de beber varias veces al día, por ejemplo durante las comidas, a media tarde o junto con la medicación, si las indicaciones del tratamiento lo permiten. Tener un registro sencillo ayuda si la persona olvida lo que ha tomado.
- Adaptar la alimentación. Incorpora fruta, verduras, cremas, sopas, gazpacho, yogur y gelatina si encajan con su dieta. Al planificar comidas para personas mayores, combina agua y bebidas con preparaciones ricas en líquido, texturas agradables y raciones que no saturen el apetito.
- Ofrecer líquidos con frecuencia. No esperes a que la persona pida agua. Deja la jarra a la vista y al alcance, y alterna el agua con infusiones, zumos o caldos según sus preferencias.
- Evitar la exposición prolongada al calor. Mantén fresca la vivienda, baja persianas en las horas de sol, evita salidas en la franja de mayor temperatura. Estas medidas ayudan a prevenir el golpe de calor en personas mayores, un riesgo relacionado con la menor percepción de sed y calor.
- Vigilar la hidratación durante enfermedades. Refuerza el seguimiento ante fiebre, infección, vómitos o deposiciones líquidas. Si le cuesta beber, ofrece sorbos pequeños y repetidos; consulta pronto si no retiene líquidos o el estado general empeora.
- Controlar la medicación con profesionales. Pide al médico una revisión durante una ola de calor o una enfermedad aguda, sobre todo si hay diuréticos, laxantes o fármacos que afectan al riñón. Mantén el tratamiento hasta recibir indicaciones distintas.
Observa cómo bebe y pide valoración profesional si tose, se atraganta o la voz suena húmeda y gorgoteante después de tragar, ya que estas señales podrían indicar disfagia, es decir, un problema para tragar con seguridad [7].
¿Cuánta agua debe beber una persona mayor?
Como orientación general, una mujer mayor que no tenga indicada una restricción de líquidos debería beber al menos 1,6 litros al día, mientras que la referencia para un hombre mayor se sitúa en un mínimo de 2 litros diarios [1].
Si cada vaso contiene 250 ml, estos volumenes equivalen aproximadamente a seis o siete vasos en las mujeres y ocho en los hombres.
Los alimentos aportan el resto. Al sumar el agua contenida en frutas, verduras, sopas, yogures y otras comidas, la ingesta total de referencia asciende aproximadamente a 2 litros diarios en las mujeres y 2,5 litros en los hombres [1].
Situaciones en las que conviene adaptar la cantidad:
- Fiebre, calor o sudoración intensa. El organismo pierde más agua de lo habitual y necesita una reposición mayor.
- Vómitos o diarrea. Estas pérdidas arrastran agua y sales minerales. Si los episodios se repiten, consulta con el médico, ya que podría recomendar una solución de rehidratación oral, un preparado que repone líquidos y electrolitos en proporciones adecuadas.
- Insuficiencia cardíaca o enfermedad renal avanzada. Algunas personas tienen prescrita una limitación de líquidos porque su organismo no los elimina correctamente. En estos casos, siempre debe respetarse la pauta médica.
Si el adulto mayor toma diuréticos, padece una enfermedad crónica o ha empezado a beber mucho menos de lo habitual, consulta con un profesional sanitario antes de aumentar o reducir la ingesta diaria.
¿Qué hacer si una persona mayor presenta síntomas de deshidratación?
La forma de actuar dependerá de su estado general. Las medidas en casa quedan reservadas a molestias leves, siempre que la persona permanezca despierta, responda con normalidad y consiga beber. Si su estado empeora o aparecen signos de alarma, necesita asistencia sanitaria.
Cuándo actuar en casa
Puedes comenzar a atenderlo en casa si presenta molestias leves, mantiene su comportamiento habitual, traga con normalidad y retiene los líquidos. La boca seca, el cansancio o una orina más oscura justifican una vigilancia cercana, aunque ninguno de estos signos confirma por sí solo la deshidratación en un adulto mayor [6].
En esos casos, ayúdale a sentarse en un lugar fresco y ofrécele pequeños sorbos de una bebida que le agrade. Si los tolera bien, aumenta la cantidad de forma gradual.
Cuándo acudir a un profesional sanitario
Aunque la persona continúe despierta y logre beber, pide valoración médica ese mismo día si no mejora, orina mucho menos de lo habitual, tiene fiebre o mantiene los vómitos o la diarrea. También conviene consultar ante un cansancio fuera de lo común, problemas al tragar o un rechazo persistente de los líquidos [6].
No retrases la consulta si padece una enfermedad renal o cardiaca, toma diuréticos o tiene indicada una cantidad concreta de líquido. En estas situaciones, aumentar la ingesta por cuenta propia también entraña riesgos [1].
Durante la valoración, el médico revisará la causa de los síntomas, la tensión arterial, el pulso y la medicación. En algunos casos solicitará una analítica que permita conocer la función renal y el nivel de sales en la sangre.
Signos de alarma
Algunos síntomas indican que el estado de la persona mayor se ha agravado y exigen atención urgente. No esperes a comprobar si desaparecen después de beber [6].
Busca ayuda urgente ante cualquiera de estas señales:
- Confusión repentina o desorientación.
- Somnolencia intensa o dificultad para despertarla.
- Mareo persistente al ponerse de pie, desmayo o caída.
- Respiración rápida o dificultad para respirar.
- Pulso mucho más acelerado de lo habitual.
- Ausencia de orina o una reducción marcada acompañada de empeoramiento.
- Piel fría, muy pálida o con manchas.
- Vómitos repetidos que impiden retener cualquier líquido.
- Pérdida de conocimiento o convulsiones.
Mientras llega la ayuda, manténlo acompañado y en una posición segura. No intentes darle de beber si no está completamente despierto o no consigue tragar con seguridad.
En Emera trabajamos con esta lógica preventiva todos los días del año. Nuestros equipos registran la ingesta de líquidos, adaptan las texturas a quienes tienen dificultades para tragar y ajustan las pautas en cada ola de calor.
Preguntas frecuentes sobre la deshidratación en ancianos
¿Cómo saber si una persona está bebiendo suficiente agua?
Observa el color y la frecuencia de la orina, y el estado de la mucosa de la boca. Una micción escasa, un tono ámbar oscuro o una boca reseca apuntan a una ingesta de líquidos insuficiente. Llevar una cuenta aproximada de los vasos consumidos a lo largo del día también aporta información valiosa.
¿Qué bebidas ayudan a prevenir la deshidratación en los ancianos?
El agua sigue siendo la referencia, aunque no tiene por qué cubrir el total del aporte. Leche, zumos, infusiones, tisanas, caldos, sopas y gelatinas suman líquidos y se adaptan mejor a los gustos individuales. Conviene evitar las bebidas con cafeína, alcohol o mucho azúcar, ya que favorecen la pérdida de agua.
¿Qué alimentos contienen más agua y favorecen la hidratación?
Sandía, melón, naranja, fresas, tomate, pepino, calabacín y lechuga aportan bastante agua. También cuentan el yogur, las cremas de verduras, el gazpacho, los caldos y las sopas. Adapta la textura si hay problemas de masticación o deglución.
Si además te interesa conocer opciones nutritivas que cuiden la salud cerebral, consulta nuestra guía de alimentos para la memoria en personas mayores.
¿El calor aumenta el riesgo de deshidratación en las personas mayores?
Sí. Las temperaturas altas elevan la pérdida de agua y electrolitos, y la menor percepción de sed y calor retrasa la respuesta en la vejez. Además, la vasodilatación y la pérdida de líquido influyen en la presión.
Si te preguntas si el calor sube o baja la presión arterial, por lo general la tensión registra valores más bajos en verano, aunque la respuesta varía según la salud y el tratamiento de cada persona.
¿Qué hábitos diarios ayudan a mantener una buena hidratación?
Un vaso de agua en cada comida, otros cuatro a seis repartidos entre horas y un aporte mayor por la mañana y por la tarde para no interrumpir el descanso nocturno. Beber unos 300-400 ml al levantarse, despacio, estimula además el tránsito intestinal y ayuda con el estreñimiento. La constancia importa más que la cantidad puntual.
Cada persona mayor tiene una historia clínica, unas preferencias y un nivel de autonomía distintos. Si quieres conocer cómo cuidamos la hidratación y el bienestar diario, contáctanos para solicitar información o concertar una visita a la residencia Emera más cercana.
Referencias:
[1] Volkert, D., Beck, A. M., Cederholm, T., Cruz-Jentoft, A., Hooper, L., Kiesswetter, E., Maggio, M., Raynaud-Simon, A., Sieber, C. C., Sobotka, L., van Asselt, D., Wirth, R., & Bischoff, S. C. (2022). ESPEN practical guideline: Clinical nutrition and hydration in geriatrics. Clinical Nutrition, 41(4), 958–989. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2022.01.024
[2] Ministerio de Sanidad. (2026). Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperatura sobre la salud 2026. https://www.sanidad.gob.es/areas/sanidadAmbiental/riesgosAmbientales/calorExtremo/publicaciones/docs/planNacionalExcesoTemperaturas_2026.pdf
[3] National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. (2024). Symptoms & causes of diabetes. National Institutes of Health. U.S. Department of Health and Human Services. https://www.niddk.nih.gov/health-information/diabetes/overview/symptoms-causes
[4] Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). (2025, 11 de julio). Medicamentos y calor. Ministerio de sanidad. https://www.aemps.gob.es/ciudadania/medicamentos-y-calor/
[5] European Medicines Agency. (2025). Forxiga: EPAR-Product information. https://www.ema.europa.eu/en/documents/product-information/forxiga-epar-product-information_en.pdf
[6] National Health Service. (s. f.). Dehydration. https://www.nhs.uk/conditions/dehydration/
[7] British Dietetic Association. (2022). Hydration in older adults. https://www.bda.uk.com/resource/hydration-in-older-adults.html
[8] Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. (2011). Guía de buena práctica clínica en Geriatría: Hidratación y salud. SEGG. https://www.segg.es/media/descargas/Gu%C3%ADa%20de%20buena%20pr%C3%A1ctica%20cl%C3%ADnica%20en%20Geriatr%C3%ADa%20-%20Hidrataci%C3%B3n%20y%20salud.pdf



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