La insuficiencia renal en personas mayores se produce cuando los riñones pierden la capacidad de filtrar la sangre y eliminar los desechos del organismo. Al no existir una cura definitiva, el tratamiento se orienta a frenar el avance del daño mediante ajustes en la dieta, control de los líquidos, ajuste de medicación y seguimiento médico continuo.
Si cuidas a un adulto mayor y quieres saber cómo detectar esta condición a tiempo y qué tratamientos existen, en esta guía te lo explicamos con claridad y sin tecnicismos. En nuestras residencias para mayores, acompañamos cada día a personas con este diagnóstico, de modo que hemos reunido aquí la información más práctica para ti.
Puntos clave sobre la insuficiencia renal en la nonagenaria:
- Prevalencia en la tercera edad: Afecta a más del 50% de los adultos mayores de 75 años debido a la pérdida fisiológica de nefronas y el desgaste vascular.
- Causas principales a los 90 años: Diabetes mellitus, hipertensión arterial no controlada, polimedicación, deshidratación recurrente e infecciones urinarias de repetición.
- Síntomas en ancianos: Edemas en piernas y pies, cansancio intenso, pérdida repentina del apetito, oliguria (menor volumen de orina) y confusión mental o somnolencia por acumulación de toxinas.
- Se necesita un control estricto de la presión arterial, revisión de fármacos nefrotóxicos, dieta adaptada en sodio, potasio y proteínas, e hidratación pautada según la función cardiaca y renal.
¿Qué es la insuficiencia renal?
La insuficiencia renal es la pérdida de la capacidad de los riñones para realizar correctamente sus funciones. Cuando estos órganos fallan, tienen dificultades para eliminar sustancias de desecho y exceso de líquido, además de mantener el equilibrio de agua, sales y minerales como el sodio o el potasio [1][2].
Una menor capacidad de filtrado provoca que los residuos del metabolismo se acumulen en la sangre. El aumento de compuestos como la urea y de marcadores como la creatinina indica que los riñones no trabajan con normalidad y, si el problema avanza, el desequilibrio puede afectar a distintos órganos y causar síntomas en todo el organismo.
En ancianos, el problema debe valorarse dentro de su estado general de salud. La edad avanzada, las enfermedades previas y los tratamientos farmacológicos influyen en la evolución y ayudan al equipo médico a decidir qué cuidados necesita cada caso.
¿Por qué la insuficiencia renal es más frecuente en ancianos de 90 años?
Según las guías internacionales de referencia, cerca de la mitad de los adultos mayores de 75 años tiene algún grado de enfermedad renal crónica, muchas veces sin saberlo, y esa proporción sigue creciendo con cada año que pasa hasta los 90 [3]. Detrás de esta alta prevalencia se combinan varios factores.
Cambios renales asociados al envejecimiento
A partir de la edad adulta, los riñones experimentan cambios progresivos en su estructura. Con los años pierden tejido y disminuye el número de nefronas, los diminutos filtros microscópicos que limpian la sangre.
A esta pérdida se suman los cambios en los pequeños vasos sanguíneos que riegan el riñón. Como consecuencia, el filtrado glomerular tiende a disminuir: la sangre se depura con más lentitud y los riñones disponen de menos reserva ante una enfermedad, una infección o un episodio de deshidratación.
Enfermedades que aumentan el riesgo
A este desgaste fisiológico se suman las enfermedades crónicas que se acumulan con la edad. La diabetes, la hipertensión arterial, la insuficiencia cardíaca y la cardiopatía isquémica son las cuatro enfermedades que más se asocian al deterioro renal en mayores, según los registros oficiales de diálisis y trasplante en España [4].
Influencia de la medicación
Muchos fármacos de uso frecuente en la tercera edad se eliminan a través del riñón, así que, cuando la función renal baja, aumenta el riesgo de acumulación tóxica. El uso prolongado de antiinflamatorios como el ibuprofeno en dosis altas, junto a fármacos como el litio, daña el tejido renal con el paso del tiempo [5].
Por ello, cualquier nuevo tratamiento en una persona de edad avanzada conviene revisarlo con el médico, sobre todo si ya existe algún grado de deterioro renal previo.
Deshidratación y fragilidad
La deshidratación es uno de los desencadenantes más habituales de fallo renal agudo en ancianos. Con la edad, la sensación de sed disminuye y el cuerpo retiene menos agua, así que un episodio de fiebre, diarrea o calor intenso basta para que los riñones dejen de recibir el flujo sanguíneo necesario [6].
La fragilidad física, unida a una menor reserva funcional, hace que estos episodios cuesten más de remontar que en una persona joven. Por tanto, vigilar la deshidratación en personas mayores forma parte de la prevención diaria en cualquier hogar o centro residencial.
Principales causas de insuficiencia renal en personas mayores
Además de los factores propios del envejecimiento, existen enfermedades y circunstancias que multiplican el riesgo de daño renal en la tercera edad. Veamos cuáles son las más frecuentes.
Diabetes
La diabetes, tanto en su variante tipo 1 como tipo 2, es la causa más común de enfermedad renal en todo el mundo [1]. Con los años, el exceso de glucosa en sangre daña los riñones progresivamente y reduce su capacidad de filtrar la sangre. Por eso, controlar la diabetes en personas mayores es vital para frenar este daño y prevenir otras complicaciones asociadas.
Hipertensión arterial
La tensión alta mantenida durante años deteriora las arterias renales y reduce el aporte de sangre a los riñones; junto a la diabetes, es la causa más habitual de daño renal crónico [5].
En verano es necesario prestar especial atención, ya que el calor baja la presión arterial en las personas mayores, sobre todo si toman diuréticos o medicación antihipertensiva. Puedes leer más sobre este tema en: ¿El calor sube o baja la presión arterial?
Infecciones urinarias
Una infección grave, como puede ser una infección de orina en personas mayores, figura entre las causas habituales de fallo renal agudo, sobre todo en personas frágiles.
A los 90 años, estos cuadros no siempre provocan fiebre alta o dolor evidente. En ocasiones se manifiestan mediante un cambio repentino en el ánimo, menor apetito, somnolencia o confusión, por lo que cualquier variación brusca respecto al estado habitual merece una valoración médica.
Uso prolongado de medicamentos
El consumo mantenido de determinados fármacos (antiinflamatorios, algunos antibióticos, contrastes yodados usados en pruebas de imagen o ciertos tratamientos oncológicos) lesiona el tejido renal con el tiempo. La polimedicación, muy habitual a partir de los 90 años, obliga a revisar qué fármacos siguen siendo necesarios y en qué dosis.
Problemas cardiovasculares
El corazón y los riñones mantienen una relación muy estrecha. Si el corazón pierde capacidad de bombeo, llega menos sangre a los riñones y su función de filtrado empeora.
De hecho, la insuficiencia cardíaca y la cardiopatía isquémica figuran entre las enfermedades asociadas al deterioro renal en la tercera edad.
En los casos en los que el funcionamiento del corazón y los riñones se deteriora de forma simultánea, los especialistas hablan de síndrome cardiorrenal.
Obstrucciones urinarias
El crecimiento de la próstata, muy común en hombres de edad avanzada, y determinados tumores en las vías urinarias bloquean el paso normal de la orina y provocan una acumulación de presión que termina por dañar los riñones.
Por esta razón, el diagnóstico y tratamiento a tiempo de estas obstrucciones ayuda a revertir buena parte del daño, siempre que no se haya cronificado.
Síntomas de insuficiencia renal en ancianos
Los síntomas no siempre son evidentes en adultos mayores, ya que a menudo se confunden con signos propios de la edad.
Señales de alarma más frecuentes:
- Cansancio y debilidad: la acumulación de toxinas en sangre agota al organismo, incluso tras dormir bien.
- Hinchazón en piernas y pies: los riñones dañados retienen líquido y sodio, lo que genera edemas visibles en tobillos y pies.
- Cambios en la orina: menor cantidad, espuma persistente o color más oscuro de lo habitual.
- Pérdida de apetito: la inapetencia mantenida puede aparecer a medida que empeora la función renal. Aun así, también conviene valorar otras causas frecuentes de pérdida de apetito en personas mayores, ya que este síntoma tiene orígenes muy diversos.
- Confusión o deterioro cognitivo: las toxinas que el riñón ya no filtra afectan al cerebro y provocan episodios de desorientación o somnolencia [7]. Por eso la prevención del deterioro cognitivo también pasa por cuidar la salud renal.
Diferencias entre insuficiencia renal aguda y crónica
Aunque comparten nombre, la insuficiencia renal aguda y la crónica son dos cuadros distintos, tanto en su origen como en su pronóstico.
| Aspecto | Insuficiencia renal aguda | Insuficiencia renal crónica |
|---|---|---|
| Inicio | Repentino, en horas o días. | Progresivo, a lo largo de meses o años. |
| Causa habitual | Deshidratación, infección grave, obstrucción, fármacos. | Diabetes, hipertensión, desgaste renal por la edad. |
| Reversibilidad | Con frecuencia reversible si se trata a tiempo. | Por lo general, es irreversible, aunque se puede frenar su avance. |
| Tratamiento | Corregir la causa, sueroterapia, vigilancia hospitalaria. | Dieta, medicación, control de la enfermedad de base y diálisis en fases avanzadas. |
Tratamiento de la insuficiencia renal en ancianos
No existe un único tratamiento válido para todos los casos, ya que el abordaje depende del grado de deterioro renal, de las enfermedades asociadas y de la situación funcional de cada persona. Aun así, estos son los pilares principales:
Cambios en la alimentación
Ajustar la dieta figura entre las medidas más eficaces para frenar el avance de la enfermedad. El médico o el dietista recomienda, según el caso, reducir el sodio, controlar la proteína y, en fases más avanzadas, vigilar el potasio y el fósforo.
Cada ajuste depende del grado de función renal, así que conviene evitar las dietas genéricas y acudir siempre con un especialista.
Control de líquidos
En las primeras fases de la enfermedad no es necesario limitar el agua, porque los riñones aún eliminan el exceso de líquido. La restricción cobra importancia en etapas más avanzadas, cuando el organismo empieza a retener agua y aparecen hinchazón o falta de aire por acumulación de líquido.
En esos casos, el médico orienta la cantidad diaria según la función renal y el grado de retención. También conviene vigilar el peso y la hinchazón, dado que ambos cambios pueden avisar de una acumulación excesiva de líquido.
Medicación
El tratamiento farmacológico se adapta exclusivamente a cada paciente, puesto que el fallo renal tiende a ir acompañado de otros problemas como hipertensión, retención de líquidos o debilidad ósea.
Objetivos del tratamiento farmacológico:
- Controlar la tensión arterial, con medicación específica para proteger el riñón a largo plazo.
- Reducir la hinchazón mediante diuréticos, que ayudan a eliminar el exceso de líquido.
- Corregir la anemia asociada a la enfermedad renal.
- Proteger los huesos frente al exceso de fósforo, con medicamentos que evitan su acumulación en sangre [5].
A todo ello se suma la revisión periódica de la medicación. Algunos fármacos deben ajustarse, sustituirse o retirarse si agravan el deterioro renal.
Seguimiento médico
Los análisis periódicos de sangre y orina permiten valorar la capacidad de los riñones para filtrar la sangre y detectar cambios antes de que aparezcan síntomas [5]. En personas mayores de 90 años, la frecuencia de estos controles se adapta a la evolución de la enfermedad y al estado general de salud.
Alimentación recomendada para personas mayores con insuficiencia renal
El cuidado nutricional influye en la evolución de la enfermedad. Un menú adaptado contribuye a conservar la función renal y a controlar alteraciones como el exceso de potasio, que puede afectar al ritmo cardíaco.
Alimentos recomendados
Las verduras con menos potasio, junto a las proteínas de buena calidad en raciones moderadas, forman la base de una dieta renal equilibrada. Cocinar al vapor, hervido o al horno, en lugar de frito, ayuda además a reducir el aporte de sodio.
Alimentos que se pueden incorporar con más libertad:
- Calabacín, pimiento rojo y coliflor.
- Huevo y pescado blanco.
- Carnes magras en porciones controladas.
- Aceite de oliva como grasa principal.
Alimentos que deben evitarse
Conviene limitar los embutidos, las conservas, los quesos curados y los refrescos de cola, ricos en fósforo añadido, junto a las frutas con mayor contenido de potasio, como el plátano o el melón. Leer las etiquetas ayuda a detectar aditivos y productos ultraprocesados que dificultan el control de estos minerales.
Alimentos a limitar o evitar:
- Embutidos y platos precocinados.
- Quesos curados y lácteos en exceso.
- Refrescos de cola y bebidas con fósforo añadido.
- Plátano, melón y frutos secos en grandes cantidades.
- Sal de mesa y salsas comerciales.
Importancia de la hidratación
El agua ayuda a los riñones a realizar sus funciones, pero la cantidad adecuada no es igual para todas las personas. Beber poco agrava la deshidratación y puede empeorar el funcionamiento renal; en cambio, si el organismo ya retiene líquidos, un exceso de ingesta favorece la hinchazón y otras complicaciones. Por eso, el equipo médico ajusta la pauta de hidratación a la situación de cada paciente.
Dieta adaptada en mayores de 90 años
En ancianos con función renal reducida, los especialistas suelen moderar la cantidad de proteínas de la dieta. Como referencia, cuando el riñón filtra por debajo de cierto nivel, la ingesta se sitúa en torno a 0,8 gramos por kilo de peso al día, siempre con supervisión profesional [3].
Sin embargo, en una persona de 90 años tampoco conviene restringir por completo el consumo de proteínas. Una ingesta insuficiente favorece la pérdida de masa muscular y agrava la fragilidad; por eso, el objetivo consiste en encontrar un equilibrio que proteja la función renal sin comprometer el estado nutricional.
Cuidados y apoyo familiar en personas mayores con insuficiencia renal
El cuidado de un mayor de 90 años con insuficiencia renal requiere atención diaria a los pequeños detalles:
- Control de la medicación: Utilizar pastilleros y verificar que no toma analgésicos o antiinflamatorios sin prescripción médica.
- Vigilancia de la hidratación: Asegurar pequeñas ingestas de agua a lo largo del día para evitar deshidrataciones, salvo indicación de restricción de líquidos.
- Observación de cambios repentinos: Consultar inmediatamente al médico ante la aparición de dificultad respiratoria, desorientación brusca o hinchazón repentina.
En las residencias de mayores Emera, contamos con un modelo asistencial que acompaña a las personas en situación de fragilidad o enfermedad renal crónica. Nuestros equipos de enfermería, medicina y nutrición se coordinan para adaptar el plan de cuidados, garantizando la máxima tranquilidad para el anciano y su familia.
Nuestro servicio asistencial de atención continuada ofrece el apoyo de un equipo médico y de enfermería que puede valorar los cambios en el estado de salud y decidir qué atención necesita la persona mayor en cada momento.
Preguntas frecuentes sobre insuficiencia renal en ancianos
¿La insuficiencia renal tiene cura?
En la mayoría de los casos, la insuficiencia renal crónica no tiene cura, aunque un tratamiento adecuado frena su avance notablemente y mejora la calidad de vida [5]. En cambio, si es aguda, puede revertirse corrigiendo a tiempo la causa que la provocó [7].
¿Cuáles son los primeros síntomas?
En las fases iniciales, la enfermedad renal no suele causar molestias evidentes, lo que dificulta su detección temprana sin un análisis de sangre u orina. Los primeros signos son cansancio, ligera hinchazón en los pies o cambios sutiles en la frecuencia urinaria.
¿Una persona de 90 años puede vivir con insuficiencia renal?
Sí. Con un buen control de la dieta, la medicación y el seguimiento médico, muchas personas mayores conviven con la enfermedad durante años. En edades muy avanzadas, el equipo médico valora enfoques conservadores que priorizan el bienestar por encima de tratamientos agresivos.
¿La insuficiencia renal produce somnolencia?
Sí, la acumulación de toxinas en sangre propia del síndrome urémico causa somnolencia, cansancio y dificultad para concentrarse, sobre todo en fases avanzadas de la enfermedad. Ante una somnolencia inusual y mantenida en una persona mayor, es necesario descartar siempre un origen renal.
¿Se puede prevenir en personas mayores?
Aunque no todos los factores de riesgo se evitan, existen hábitos que reducen las probabilidades de sufrir un deterioro renal grave: controlar la tensión arterial y la diabetes, evitar el uso prolongado de antiinflamatorios sin supervisión médica, mantener un peso saludable y acudir a revisiones periódicas con el médico de cabecera [5].
Además, la detección precoz sigue siendo la herramienta más eficaz para frenar la progresión de la enfermedad.
Acompañar a un familiar de 90 años con insuficiencia renal implica atención constante, coordinación médica y, muchas veces, ayuda profesional especializada. En Emera llevamos más de 30 años cuidando a personas mayores en toda España, con equipos médicos y de enfermería preparados para el seguimiento de patologías crónicas como esta.
Si quieres conocer de cerca nuestras residencias o resolver cualquier duda sobre el cuidado de un adulto mayor, contacta con nosotros. Estaremos encantados de acompañarte en este camino.
Referencias:
[1] MedlinePlus (Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.). (2021, diciembre 7). Insuficiencia renal. https://medlineplus.gov/spanish/kidneyfailure.html
[2] National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK). (2018). Your Kidneys & How They Work. National Institutes of Health. https://www.niddk.nih.gov/health-information/kidney-disease/kidneys-how-they-work
[3] Mora-Gutiérrez JM, Slon Roblero MF, Castaño Bilbao I, Izquierdo Bautista D, Arteaga Coloma J, Martínez Velilla N. Enfermedad renal crónica en el paciente anciano. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2017;52:152-8. DOI: 10.1016/j.regg.2016.03.006.
[4] Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. (2015). Documento Marco sobre Enfermedad Renal Crónica (ERC) dentro del Sistema Nacional de Salud. https://www.sanidad.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/Enfermedad_Renal_Cronica_2015.pdf
[5] Mayo Clinic. (2026, 21 de febrero). Nefropatía crónica: Síntomas y causas. Fundación Mayo para la Educación y la Investigación Médicas. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/chronic-kidney-disease/symptoms-causes/syc-20354521
[6] Mayo Clinic. (2021, 14 de octubre). Deshidratación: Síntomas y causas. Fundación Mayo para la Educación y la Investigación Médicas. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/dehydration/symptoms-causes/syc-20354086
[7] López de Ocáriz, A. (2017, 30 de octubre). ¿A quién afecta la insuficiencia renal? CinfaSalud. https://cinfasalud.cinfa.com/p/insuficiencia-renal/



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