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May 11

Pérdida de apetito en ancianos: causas, riesgos y soluciones

    hiporexia

    Cuando un ser querido mayor deja el plato a medio terminar o rechaza sus comidas favoritas, la preocupación aparece rápido. Habitualmente, la pérdida de apetito en la tercera edad esconde una señal de alarma que conviene atender cuanto antes. 

    En Grupo Emera acompañamos a diario a muchos adultos mayores que viven esta misma situación. Por eso, hemos preparado esta guía práctica que te ayudará a entender qué ocurre y cómo actuar a tiempo. 

    • La pérdida de apetito (hiporexia) afecta al 50-60% de los adultos mayores en España [1]. 
    • Las causas son múltiples: cambios del envejecimiento, medicación, problemas digestivos o estado de ánimo influyen con frecuencia. Muchas de estas causas son tratables.
    • Los riesgos de no actuar a tiempo: desnutrición, sarcopenia, deshidratación y deterioro cognitivo son las consecuencias más graves de una ingesta insuficiente mantenida a largo plazo.
    • Existen medidas que ayudan a mejorar la ingesta: desde ajustar horarios, hasta modificar texturas o reforzar el valor nutricional.

    La prevención exige seguimiento continuo: controlar el peso, revisar la salud y vigilar a las personas más frágiles evita complicaciones mayores.

    ¿Es normal la pérdida de apetito en personas mayores?

    Hasta cierto punto, sí. La hiporexia (entendida como la pérdida parcial del apetito) es una condición frecuente en la tercera edad. Con los años, el organismo experimenta una serie de cambios fisiológicos que reducen las necesidades energéticas y, con ellas, la sensación de hambre. En ese contexto, comer un poco menos que antes no es en sí mismo motivo de alarma.

    Ahora bien, conviene distinguir entre una reducción gradual y leve del apetito y una inapetencia total. Cuando se mantiene en el tiempo, trae consecuencias nutricionales graves. En muchos casos, esto constituye el primer signo visible de una patología subyacente [2]. Ignorarla puede llevar a un deterioro que se instala de forma silenciosa y progresiva.

    Si observas que la persona mayor duerme mucho y come poco o pierde peso de manera involuntaria, es el momento de solicitar una valoración médica sin demora.

    Causa más frecuentes de pérdida de apetito en ancianos

    La hiporexia en la tercera edad rara vez obedece a una sola causa. Por lo general, son varios los factores que actúan de forma simultánea, lo que explica por qué su abordaje exige una valoración individualizada y multidisciplinar.

    Cambios fisiológicos del envejecimiento

    El propio proceso de envejecimiento altera la percepción sensorial de manera progresiva. Las papilas gustativas pierden sensibilidad, y el olfato (uno de los principales estímulos del apetito) se deteriora con rapidez. Alrededor de los 80 años, la capacidad olfativa se reduce hasta un 50% [2]. 

    Al no apreciar con la misma intensidad los sabores y aromas de antes, la comida resulta menos atractiva y el impulso de sentarse a la mesa se debilita.

    A esto se suma que el estómago pierde elasticidad, lo que provoca que la saciedad aparezca mucho antes de lo esperado. Muchos mayores terminan ingiriendo cantidades insuficientes sin percibir que esto supone un problema para su salud.

    Medicación

    Gran parte de los adultos mayores toma varios fármacos de forma prolongada (polifarmacia). Antibióticos, analgésicos opioides, diuréticos, antidepresivos o tratamientos de quimioterapia tienen entre sus efectos secundarios la reducción del apetito [3]. 

    Algunos actúan sobre los neurotransmisores que regulan el hambre; otros generan náuseas, alteran el sabor percibido de los alimentos o producen una sensación de plenitud gástrica temprana. Ante cualquier cambio en el tratamiento farmacológico, conviene vigilar de cerca la alimentación durante las semanas siguientes.

    Problemas digestivos

    Las molestias gastrointestinales están detrás de numerosos casos de hiporexia. Estreñimiento, reflujo, gastritis, úlceras o trastornos de la motilidad son alteraciones que reducen el deseo por la comida [4]. 

    A su vez, las alteraciones en la masticación (prótesis dentales mal ajustadas, caries, boca seca) hacen que comer duela o incomode.

    La dificultad para tragar merece atención aparte. La disfagia en mayores provoca rechazo hacia los alimentos por miedo a atragantarse. Si observas tos durante las comidas, carraspeo o cambios en la voz al comer, solicita una valoración especializada.

    Depresión y soledad

    El estado anímico influye de forma directa en las ganas de comer. Uno de los síntomas más comunes de la depresión en personas mayores es la pérdida de apetito [5]. El duelo, el aislamiento social, un cambio de domicilio o la pérdida de la pareja generan una tristeza que se refleja en la alimentación.

    La dimensión social pesa más de lo que parece. Las jornadas compartidas en un centro de día devuelven el carácter social de las comidas y activan la motivación por alimentarse.

    Infecciones

    Cualquier infección, desde un catarro a una infección urinaria u otra de mayor gravedad, cursa con inapetencia. En personas mayores, estos procesos a veces se presentan sin fiebre ni síntomas típicos, y la falta de apetito aparece como primera señal [2]. 

    Ante un anciano que deja de comer sin motivo aparente, descartar una infección oculta mediante analítica o control médico se vuelve prioritario.

    Enfermedades crónicas

    Existen patologías que condicionan la ingesta alimentaria de forma directa o indirecta. Las más importantes son [3]:

    • Insuficiencia cardíaca.
    • Insuficiencia renal crónica.
    • Demencia.
    • Hipotiroidismo.
    • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). 

    Algunas de estas afecciones generan síntomas que dificultan el acto de comer. Otras alteran los mecanismos de regulación del hambre y la saciedad, o reducen el interés general por las actividades cotidianas, incluida la alimentación.

    En este contexto, el decaimiento en ancianos aparece con frecuencia y contribuye a que la ingesta disminuya progresivamente.

    Riesgos de no comer suficiente en la tercera edad

    Una inapetencia mantenida no es un problema menor. Con el tiempo, la ingesta insuficiente de alimentos afecta a todos los sistemas del organismo y puede derivar en situaciones de mayor gravedad.

    Principales consecuencias de la hiporexia no tratada en ancianos:

    • Desnutrición. Es la consecuencia más directa. Genera debilidad, anemia, deterioro de la cicatrización, inmunosupresión y mayor riesgo de hospitalización. 
    • Sarcopenia. La ingesta insuficiente de proteínas acelera la pérdida de masa muscular esquelética asociada al envejecimiento, condición conocida como sarcopenia [6]. Esta afección incrementa el riesgo de caídas y fracturas, limita la autonomía funcional y empeora de forma notable la calidad de vida del anciano. 
    • Deshidratación. Los alimentos aportan una parte importante del agua diaria. Al reducirse la ingesta, disminuye también la hidratación. En personas mayores, este déficit puede provocar confusión, mareos, deterioro renal y mayor propensión a infecciones urinarias.
    • Deterioro cognitivo. La carencia prolongada de nutrientes esenciales compromete el funcionamiento cerebral. De hecho, la desnutrición aumenta el deterioro cognitivo y funcional, generando problemas de memoria, concentración y atención [1]. Por eso, cuidar la alimentación forma parte de la prevención del deterioro cognitivo en personas mayores. Este problema agrava los síntomas de demencia ya presentes o acelera su aparición en quienes aún no la han desarrollado.

    Cómo estimular el apetito en personas mayores

    Recuperar el deseo de comer requiere observación y un enfoque adaptado a cada persona. No existe una fórmula única, pero hay medidas que demuestran eficacia de forma consistente en el ámbito geriátrico.

    Estrategias para mejorar la ingesta alimentaria en el anciano:

    • Fraccionar las comidas. Sustituir dos o tres comidas abundantes por cinco o seis más ligeras a lo largo del día ayuda a evitar la sensación de saciedad precoz. Comer en pequeñas cantidades hace que el proceso sea más llevadero. Cada comida debe ser breve y agradable.
    • Priorizar alimentos energéticos. Cuando la cantidad ingerida es limitada, la calidad de cada bocado pasa a ser determinante. Lo ideal es incorporar alimentos de alta densidad calórica y proteica como huevo, legumbres, queso, frutos secos y aceite de oliva virgen extra. Esto permite maximizar el aporte nutricional por ración sin aumentar el volumen del plato.
    • Mejorar la presentación y el sabor. El aspecto visual y el aroma del plato influyen en el deseo de comer. Usar especias y hierbas aromáticas, variar los colores y servir a temperatura adecuada convierte la hora de comer en un momento más estimulante. 
    • Adaptar la textura. Si existen problemas de masticación o deglución, ofrece purés, cremas o alimentos de textura modificada. De esta forma, ayudas a que la persona mayor ingiera los nutrientes necesarios, evitando el esfuerzo o el riesgo de atragantamiento.
    • Suplementos nutricionales (siempre bajo supervisión médica). En los casos en que la ingesta oral sea claramente insuficiente, el médico o el dietista-nutricionista podrá valorar la incorporación de suplementos hiperproteicos o hipercalóricos. Su uso debe estar siempre indicado y controlado por un profesional sanitario.

    En nuestra residencia para mayores cuidamos la alimentación de forma personalizada. Contamos con un equipo de nutricionistas que adapta la dieta al estado de salud y a las preferencias de cada residente. El seguimiento es continuo: si detectamos una bajada de peso o un cambio en el apetito, actuamos de inmediato junto al equipo médico.

    Prevención de la desnutrición en ancianos

    Actuar antes de que el problema se instale siempre es mejor que revertirlo una vez establecido. La prevención de la desnutrición en personas mayores pasa por una actitud proactiva y sostenida, tanto por parte de la familia como del equipo sanitario.

    Medidas preventivas clave:

    • Control de peso periódico. Pesar al mayor con regularidad (como mínimo una vez al mes) y registrar la evolución permite detectar pérdidas significativas en una fase temprana. Desde el punto de vista clínico, perder el 5% o más del peso corporal habitual en seis meses o menos sin causa aparente es una señal de alerta que requiere valoración médica [7].
    • Revisión médica anual. La analítica de sangre (con parámetros como la albúmina, la hemoglobina o la vitamina D) ofrece información objetiva sobre posibles carencias nutricionales antes de que se conviertan en síntomas visibles. La revisión anual debería incluir una valoración nutricional específica adaptada a la edad del paciente.
    • Seguimiento en pacientes frágiles. Las personas mayores con enfermedades crónicas, polimedicación, antecedentes de desnutrición o bajo peso habitual necesitan un seguimiento más continuo. En estos casos, la intervención de un dietista-nutricionista especializado en geriatría aporta una diferencia real en los resultados.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto tiempo puede estar un anciano sin comer?

    Depende del estado de salud previo y del nivel de hidratación. Un mayor con reservas nutricionales bajas experimenta consecuencias graves (debilidad intensa, hipoglucemia y confusión) en cuestión de días si deja de comer por completo. 

    Si el rechazo de alimentos persiste más de 24-48 horas, la consulta médica no puede posponerse.

    ¿La pérdida de apetito es síntoma de demencia?

    A veces, sí. La demencia figura entre las causas documentadas de disminución del apetito [3]. En fases avanzadas, la persona puede olvidar que ya ha comido, perder el reconocimiento de los alimentos o desarrollar dificultades de deglución. 

    Sin embargo, la hiporexia por sí sola no indica deterioro cognitivo. La evaluación neurológica profesional aclara el diagnóstico.

    ¿Qué vitaminas abren el apetito?

    Las vitaminas del grupo B (en especial la B12 y la B1) y minerales como el zinc se asocian al estímulo del apetito [5]. Su suplementación solo tiene sentido cuando existe déficit confirmado mediante analítica. Un exceso de vitaminas sin indicación médica no aporta beneficio.

    ¿Es normal que un anciano solo quiera líquidos?

    No es normal. Una dieta exclusivamente líquida sostenida en el tiempo provoca carencias nutricionales severas. El rechazo a los sólidos apunta a problemas de deglución, dolor al masticar o enfermedad subyacente. 

    ¿Cuándo acudir a urgencias?

    Hay situaciones que requieren atención inmediata:

    • Rechazo total a comer y beber durante más de 24 horas.
    • Pérdida de peso acelerada en pocos días sin causa aparente.
    • Confusión o desorientación intensa acompañada de inapetencia.
    • Signos de deshidratación grave: boca muy seca, orina ausente o muy oscura, piel sin turgencia.
    • Dolor abdominal intenso o vómitos persistentes que impiden la ingesta.

    Si un adulto mayor lleva días sin comer bien, no esperes a que el cuadro empeore. La pérdida de apetito en ancianos es un problema tratable en la mayoría de los casos cuando se identifica la causa a tiempo y se cuenta con el apoyo profesional adecuado. 

    En Grupo Emera disponemos de equipos multidisciplinares formados por médicos, enfermeros, dietistas y psicólogos. Si quieres saber cómo atendemos la nutrición y el bienestar de nuestros residentes, contacta con nosotros y te informamos sin compromiso.

    Referencias:

    [1] Maset, J. (2024, septiembre 30). Pérdida de apetito. CinfaSalud. Laboratorios CINFA. https:// cinfasalud.cinfa.com/p/perdida-de-apetito/ 

    [2] Salgado Palacios, I., Herrera Fajardo, L., Sallago Vidal, M., & Lagomazzini Mellado, B. (2022). Asociación entre desnutrición y anciano. Revista Científico-Sanitaria Sanum, 6(1), 42-51. https:// revistacientificasanum.com/vol-6-num-1-enero-2022-asociacion-entre-desnutricion-y-anciano/

    [3] Enciclopedia Médica A.D.A.M. (2024, julio 23). Disminución del apetito. https:// medlineplus.gov/spanish/ency/article/003121.htm

    [4] Landi, F., Calvani, R., Tosato, M., Martone, A. M., Ortolani, E., Savera, G., Sisto, A., & Marzetti, E. (2016). Anorexia of Aging: Risk Factors, Consequences, and Potential Treatments. Nutrients, 8(2), 69. https://doi.org/10.3390/nu8020069

    [5] Gil Gregorio, P., Ramos Cordero, P., Cuesta Triana, F., Mañas Martínez, M. C., Cuenllas Díaz, Á., & Carmona Álvarez, I. (2013). Nutrición en el anciano: Guía de buena práctica clínica en geriatría. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.https:// segg.es/download.asp?file=media/descargas/guia_nestle.pdf 

    [6] Almeida Dos Santos, A. D., Sabino Pinho, C. P., Santos do Nascimento, A. C., & Oliveira Costa, A. C. (2016). Sarcopenia en pacientes ancianos atendidos ambulatoriamente: prevalencia y factores asociados. Nutricion hospitalaria, 33(2), 100. https://doi.org/10.20960/nh.100

    [7] Enciclopedia Médica A.D.A.M. (2025, enero 1). Pérdida de peso involuntaria. https:// medlineplus.gov/spanish/ency/article/003107.htm 

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